Anaplasmosis en bovinos: agente causal, signos clínicos, diagnóstico, tratamiento y control
La anaplasmosis bovina, conocida tradicionalmente como “ranilla blanca”, es una enfermedad infecciosa de gran impacto en la ganadería tropical y subtropical. Se caracteriza por producir anemia intensa, fiebre elevada y graves alteraciones metabólicas, con importantes pérdidas productivas y reproductivas.
Agente etiológico
La enfermedad es causada por bacterias del género Anaplasma, principalmente:
Anaplasma marginale
Anaplasma centrale
El Anaplasma pertenece al grupo de las rickettsias, ya que presenta características tanto de bacterias como de virus y es un parásito intracelular obligatorio.
Especies afectadas
Bovinos (principal especie afectada)
Cabras y ovejas (con menor impacto)
Perros (casos poco frecuentes)
No existe anaplasmosis en caballos, aunque en esta especie se presentan otras enfermedades hemoparasitarias.

Diferenciación con otras hemoparasitosis
Bovinos
Anaplasma marginale → Ranilla blanca
Babesia bovis y Babesia bigemina → Ranilla roja
Equinos
Babesia caballi y Babesia equi → Piroplasmosis equina
Perros
Babesia canis
Patogenia (por qué no hay hemoglobinuria)
El Anaplasma ingresa al glóbulo rojo mediante un proceso similar a la fagocitosis, donde el eritrocito lo envuelve, pero no se rompe dentro del vaso sanguíneo.
El glóbulo rojo parasitado es retirado posteriormente por el bazo (esplenomegalia).
Como no hay ruptura intravascular, no se libera hemoglobina en la orina, razón por la cual se denomina ranilla blanca, a diferencia de la babesiosis (ranilla roja).

Ciclo y transmisión
Garrapatas (Rhipicephalus microplus) – transmisión mecánica
Dípteros hematófagos:
Tabanus spp.
Iatrogénica: agujas, jeringas, instrumental contaminado
Multiplicación por fisión binaria dentro del huésped
Signos clínicos
La anaplasmosis es uno de los parásitos más anemizantes en bovinos:
Anemia severa y progresiva
Fiebre muy alta (hipertermia)
Deshidratación marcada
Mucosas pálidas o ictéricas
Disminución brusca de la producción de leche
Debilidad extrema y postración
Abortos en vacas gestantes

Complicaciones digestivas
Impactación abomasal por deshidratación
Timpanización por parálisis ruminal
Acidosis metabólica
Muerte en casos graves sin tratamiento oportuno

Diagnóstico
Frotis sanguíneo con tinción de Giemsa
Pruebas serológicas (detección de anticuerpos contra Anaplasma)
Historia clínica y presencia de vectores en el hato
Tratamiento
El tratamiento debe ser integral, abordando el parásito y las complicaciones:
Tratamiento específico
Oxitetraciclina
Dosis: 20 mg/kg vía intravenosa
Tetraciclinas de acción prolongada (según criterio veterinario)
Tratamiento de soporte
Lactato de Ringer → corrección de deshidratación
Flunixin meglumine (Flumine) o Novalgina
Antipirético, analgésico y antiinflamatorio (triple A)
Complejo B → apoyo en anemia
Sulfato de magnesio → laxante en impactación abomasal
No usar carbacol
Timpanización:
Trocarización con aguja calibre 16 (descompresión lenta)
Productos orales absorbentes de gases (ej. Sorol)

Control y prevención
Control estricto de garrapatas y moscas
Uso individual de agujas y material veterinario
Identificación y manejo de animales portadores
Cuarentena de animales de ingreso
Programas sanitarios integrales en el hato
Importancia económica
La anaplasmosis genera:
Altas tasas de mortalidad en adultos
Disminución de la producción lechera
Costos elevados en tratamientos
Pérdidas reproductivas significativas
Conclusión
La anaplasmosis bovina es una enfermedad grave, silenciosa y altamente anemizante. Su correcto diagnóstico diferencial frente a babesiosis, junto con un tratamiento oportuno y manejo sanitario adecuado, es clave para proteger la productividad y la salud del hato.
💡 Recuerda: esta información es sólo orientativa. Consulta siempre con tu médico veterinario antes de aplicar cualquier tratamiento.